Vapor "Comercio"

Última actualización: 9 de agosto de 2012
CARACTERÍSTICAS
Nombres y propietariosCecile (1863 - 1890)

Moss Steam Ships de Liverpool

Correo de Cartagena (1890 - 1893)

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Comercio (1893 - 1895)

La Menorquina, Sociedad de Navegación a Vapor

Comercio (1895 - 1914)

Goñalons y Cía.

Comercio (1914 - 1917)

Ferrer Pesset Hermanos

Comercio (1917 - 1929)

Compañía Trasmediterránea
TipoCarga
Año de construcción1863 (LR-1897)
AstillerosC. & W. Earle

Hull - Inglaterra

(LR-1897)
Número de construcción74 (Miramar)
Fecha de la entregaAbril de 1863 (LR-1897)
Final del buqueDesguazado en Mahón en 1929 (Historia de la Flota)
MatrículaMahón (Historia de la Flota)
Identificación1045919 (Miramar)
Material del cascoHierro (LR-1897)
Número de cubiertas2 (LR-1897)
Separaciones transversales4 (LR-1897)
Peso muerto710 t (Historia de la Flota)
Registro bruto597 t (LR-1897)

539 t (LR-1923)
Registro neto301 t (LR-1897)

277 t (LR-1923)
Eslora e.p.p.63,21 m (LR-1897)
Manga máxima7,38 m (LR-1897)
Puntal4,79 m (LR-1897)
Calado máximo3,40 m (Historia de la Flota)
Potencia de propulsión90 NHP (LR-1897)
Velocidad8,5 nudos (Historia de la Flota)
Planta propulsoraUna máquina de vapor tipo Compound, de dos cilindros de 610 y 1.168 mm de diámetro por 660 mm de carrera.

Fabricada por Earle´s Co. Ltd - Hull

Máquina y calderas renovadas en 1873.

En 1901 se le renovó las calderas.

(LR-1923)
HISTORIAL

La construcción de este buque fue encargada fue por la naviera inglesa Moss Steam Ships, de Liverpool, a los astilleros C. & W. Earle´s, de Hull, siendo la construcción número 74 de la mencionada factoría. El buque, con el nombre de Cecile, fue entregado a sus propietarios en abril de 1863.

En 1890 pasó a pabellón español con el nombre de Correo de Cartagena y en 1893 fue adquirido por la naviera mahonesa La Menorquina, Sociedad de Navegación a Vapor, para servir como buque reserva del Menorquín y del Ciudad de Mahón

La Menorquina fue constituida para optar al concurso que se convocó por real orden de 13 de julio de 1893 para la prestación de los servicios de correo desde Mahón a Barcelona y Palma. El 2 de agosto de 1893 se procedió a la apertura de réplicas, y le fueron adjudicados los mencionados servicios.

El 22 de octubre de 1893 salió por vez primera de Mahón a Palma ostentando aún el nombre de Correo de Cartagena, que posteriormente se le sustituyó por el de Comercio, cubriendo esta línea por espacio de varios meses, hecho que motivó quejas de la prensa de Mahón, por cuanto el buque destinado a tales servicios era el Ciudad de Mahón, que fue fletado por el gobierno para el transporte de efectos militares desde Málaga a Melilla, mientras que el vapor Comercio sólo podía navegar en calidad de buque de reserva.

En 1895, al constituirse La Marítima, Compañía Mahonesa de Vapores, por fusión de La Menorquina, Sociedad de Navegación a Vapor y la Sociedad Mahonesa de Vapores, el vapor Comercio dejó de prestar servicios en calidad de correo marítimo y pasó a ser propiedad de Goñalons y Cía, de Mahón, que lo dedicó al transporte de fruta desde Valencia a Inglaterra y a los puertos del sur de Francia.

El 18 de octubre de 1894 salió de Barcelona con destino a Marsella y cuando navegaba a unas ocho millas de Sète rompió el eje y quedó sin gobierno y a merced del fuerte oleaje que lo arrastró hasta la playa, en donde pudo fondear.

En 1901 sufrió en el puerto de Palma una importante reparación, instalándole una nueva caldera, construida en los famosos y acreditados talleres de Don Juan Oliver, «Maneu», renovando la cubierta y muchas planchas del casco.

Terminadas las obras de reparación, el 30 de Noviembre se tuvieron las pruebas ante el ingeniero del Lloyd´s Register of Shipping inglés Mr. Alberto Boston con resultado altamente satisfactorio.

A su regreso se sirvió un lunch en el comedor a los distinguidos invitados, que eran atendidos por el propio armador Don Guillermo Goñalons, saliendo para Marsella al objeto de entrar en dique para limpiar fondos. Continuó dedicado al transporte de fruta y vino desde Málaga a Marsella, con escala en Valencia, Barcelona y Sète.

En julio de 1905, cuando navegaba frente a las costas del Levante español, prestó auxilio a la corbeta francesa France Marie, que, con un cargamento de bidones de petróleo embarcado en Filadelfia, se dirigía a Palma y quedó seriamente averiada, remolcándola a Tarragona.

El día 6 de enero de 1911, el Comercio, al mando del capitán Mateo Seguí Darder, zarpó de Valencia con destino a Sette, con un cargamento variado compuesto de bocoyes de vino y otras partidas de carga general, y durante ese viaje sufrió la rotura del eje de cola que lo dejó al garete durante cuatro día a merced de un gran temporal.

Alfonso Buenaventura, en su libro "Naufragios y siniestros en la costa de Menorca" nos relata con todo detalle los pormenores del siniestro:

El 9 de enero de 1911, la estación costera “Marseille radio” recibía un mensaje procedente de un buque de pabellón inglés mediante el cual le informaba que el vapor español Comercio, de la matrícula de Mahón, se encontraba a la deriva y sin hélice a unas 20 millas aproximadamente de la costa catalana, más o menos a la altura de Palamós.

Inmediatamente se dio la orden de que se hicieran a la mar y en su auxilio dos buques: desde el puerto de Barcelona lo haría el Inés, mientras que desde Sête lo hacía el Colón, con órdenes expresas de remolcarlo hasta Palamós, el puerto que les quedaba más cercano.

El primero regresó sin haber encontrado rastro alguno tras lo cual, la opinión de los expertos sería que, debido al fuerte viento reinante en la zona, el barco debía de haber sido arrastrado a algún punto situado entre la Península y Baleares. En vista de ello, el día 11 a primera hora, el armador y propietario del Comercio, el mahonés don Guillermo Goñalons, se entrevistó con el comandante de Marina de Menorca con el fin de que pudieran tomarse las medidas oportunas desde la Isla. La noticia, que ya se había hecho de dominio público, había comenzado a causar gran alarma e inquietud entre la población. Y así transcurrió casi todo el día sin que se tuviera conocimiento alguno sobre la suerte que pudieran haber corrido tanto el barco como su tripulación. El armador había explicado que el barco había salido el día 6 de Valencia con un cargamento variado compuesto de bocoyes de vino -que portaba estibados y trincados en cubierta- y otras partidas de carga general. Pero que el día 9 había recibido noticia de su consignatario en Marsella en que le comunicaba que un barco inglés había telegrafiado dando la noticia de haber encontrado al Comercio sin hélice a 40º 45’ N y 03º 33’ E y a una distancia de 20 millas de la costa. El consignatario había telefoneado entonces a Sête para que saliera desde ese puerto un remolcador en su auxilio, y fue precisamente por ello que salió desde ese puerto el Colón y de Barcelona el Inés.

Como los resultados de la búsqueda fueran negativos y siguiese reinando el fuerte temporal, sin visos de querer remitir, el armador se había puesto en contacto con el comandante de Marina de Menorca informándole de los hechos y éste, ordenó a la Ayudantía de Ciutadella y al celador del Puerto de Fornells que extremaran su vigilancia en pos de indicios de la presencia del barco en sus zonas. También avisó a los encargados de los semáforos y a los vigías. Nuevos mensajes tuvieron como destino las restantes comandancias de Marina de Baleares. Otra gestión realizada por el armador fue la visita al gerente de La Marítima, señor Taltavull, para que alertara a sus buques en navegación al respecto, aunque se temía que éstos no pudieran hacer nada debido al fuerte ventarrón existente. Posteriormente se recibió un telegrama procedente de Valencia notificándose que en ese puerto se había publicado la noticia de que en Niza se había recibido un despacho referente a que frente a Canet de Perpignan se encontraba un buque pidiendo auxilio. En visto de ello, remitió la información al capitán del Antonia, el otro vapor perteneciente a su misma compañía, que había llegado al puerto de Palamós procedente de Valencia. Se le ordenó zarpara con rumbo a Sète, vigilando la costa de Perpignan y diera remolque al buque en el supuesto de hallarlo a la deriva. De no encontrar nada debería quedarse en el puerto francés a órdenes.

Partió el mismo día 11 a las cuatro y media de la tarde. Al calmar el tiempo partió el vapor Isla de Menorca, mientras se pensaba en avisar al Monte Toro, retenido en el puerto de Alcúdia a causa del mal tiempo, telegrafiándose a la Compañía Isleña Marítima, de Mallorca, para que igualmente prestaran vigilancia sus buques que estuvieran en ruta. Sería entrada ya la noche cuando se producirían las primeras novedades: a las nueve el alcalde de Ciutadella había recibido la visita del guarda del predio Son Àngel, el señor Cabrisas, el cual tenía su cabaña emplazada en una zona elevada cercana a la Cala Algaiarens y al refugio de pescadores de Ses Fontanelles. El hombre se había dado cuenta de que desde la una de la tarde un vapor parecía estar pidiendo socorro, estando situado a una distancia de la costa de más o menos una milla y frente a los parajes mencionados. Se suponía podría tratarse del vapor “Comercio”, del cual se había anunciado que había perdido su hélice en pleno viaje desde Valencia a Sête quedando a partir de entonces sin gobierno. Continuando con la información aportada por el guarda, éste manifestó que el barco avistado estaba pintado de color rojo y enarbolaba una bandera blanca, hallándose exactamente frente al refugio de pescadores de Ses Fontanelles. La información fue rápidamente trasladada al señor Goñalons, quien intentó telegrafiar al capitán del Monte Toro, que se encontraba aún en Alcúdia para que saliera en su auxilio. Pero a la hora expresada, las nueve y media de la noche, la estación telegráfica de aquella población se encontraba ya cerrada por lo que el consignatario de La Marítima en Palma decidió partir en un automóvil a avisar personalmente al capitán del barco.

En lo que respecta a Menorca, se habían organizado dos expediciones: desde Maó marchaban hacia Ses Fontanelles el capitán de la Marina Mercante don Matías Riudavets y don Antonio J. Tudurí, como representantes de la armadora, mientras que desde Ciutadella lo hacían el alcalde don Gabriel Saura, el administrador de la Aduana señor Polo, el jefe de los Carabineros y el de la Guardia Civil junto con otros voluntarios. Cuando lo tuvieron avistado decidieron ponerse rápidamente en contacto con sus tripulantes. Los primeros contactos desde tierra con el barco se hicieron mediante el encendido de fogatas, con el fin de que no se preocuparan dándoles a entender que su situación era perfectamente conocida en tierra y que el personal se encontraba en alerta y presto a dar el auxilio necesario. Desde el buque, una vez alertados, se contestaba mediante faroles y con toques de silbato. En los alrededores se habían estado apostando varios miembros de la Guardia Civil. Y así estuvieron, esperando el paso de alguna embarcación, de la que carecían, puesto que ellos no podían desde tierra llegar a donde se encontraba fondeado el vapor.

Como no apareciera ninguna, volvieron a emprender el camino de Ciutadella el administrador de la Aduana, el ayudante de Marina y uno de los representantes de la armadora. Una vez en aquella población se pusieron en contacto con el señor Arguimbau, que era armador del pailebot Comercio el cual, a pesar de tener el mismo nombre que el del vapor que se pretendía auxiliar, nada tenía que ver con él. Se le solicitó el concurso de su barco para dar el remolque ansiado, a lo cual accedió gustosamente su propietario embarcándose también con ellos y partiendo rumbo a Ses Fontanelles sobre las doce y media de la noche. La travesía fue dura puesto que reinaba una fuerte marejada en la zona, además de una intensa corriente en dirección a poniente, es decir, contraria a la del punto de su destino. Su motor de bencina no iba muy afinado, lo cierto es que también era poco potente ya que en ese tipo de barcos se utilizaba para facilitar las operaciones en puerto y el pailebot tenía que hacer grandes esfuerzos para separarse de la costa hacia la cual le arrastraban las olas.

Una vez llegados a su destino, pudieron observar que el vapor averiado estaba fondeado a unas dos millas de distancia de la costa y su situación por el momento no revestía peligro. La avería exactamente consistía en la rotura del eje de la hélice, aunque afortunadamente sin pérdida de ésta. A causa de los embates de la mar habían perdido también los dos botes de salvamento y las velas, pero milagrosamente la tripulación se encontraba sin novedad a bordo. Comprobada la situación y teniendo en cuenta que no podrían remolcarlo puesto que el motor del pailebot no reunía en lo más mínimo las condiciones necesarias al tratarse de un motor auxiliar, optaron por volver a Ciutadella, a donde llegarían a las siete y media de la mañana, sabiendo que de Alcúdia había partido ya el vapor solicitado. A las seis de la mañana se cruzaba con ellos el vapor Monte Toro, perteneciente a La Marítima, al través del Cap Bajolí, en navegación directa hacia Ses Fontanelles. El viento seguía arreciando y el Comercio, empujado por el mismo y con la ayuda del oleaje, garreaba preocupantemente y poco a poco se había desplazado hasta las inmediaciones de Cala Morell, donde había vuelto a quedar enganchado en alguna roca. Consecuencia de ello sería que, al ir a tomar el remolque ofrecido por el Monte Toro, la tripulación tuvo que desengrilletar ambas cadenas dejándolas abandonadas con sus anclas en el fondo ante la imposibilidad de volver a virarlas. Acto seguido era remolcado en primer lugar a Ciutadella, donde tras amarrar en la boya a las nueve de la mañana, dejaba la valija de la correspondencia, reemprendiendo nuevamente su camino con el remolque hacia Maó en cuyo puerto entraban sobre las dos y media de la tarde.

En las inmediaciones de Cala Figuera se habían concentrado ya muchos curiosos puesto que toda la población era conocedora de la noticia. El vapor fue conducido a amarrar a la boya fondeada frente a la Aduana. El buque ofrecía a la vista de todos los graves desperfectos sufridos tras cuatro días de capear el durísimo temporal. El casco aparecía visiblemente escorado y con parte de su obra muerta destrozada. Faltaban los portalones y en la cara interna de los palos se apreciaban jirones de tela y trozos de cabos, restos de lo que había sido su aparejo de fortuna. Sobre cubierta únicamente restaban algunos bocoyes pues el resto había sido barrido por la violencia de las olas. El Comercio había zarpado de Valencia con buen tiempo pero al ir remontando la costa de la Península había empeorado poco a poco hasta llegar al cabo San Sebastián y al hallarse a la altura del Cap de Creus (Girona) el NE había refrescado fuertemente, alborotando rápidamente la mar como suele ser habitual en aquella zona. Hasta entonces había sorteado bien los embates de las olas pero al llegar a esa zona y encontrándose junto al islote Massa d’Oros, un peñasco más avanzado hacia el E desde la Illa Encalladora, lo cual sucedería a las dos de la madrugada del día 8, partió el eje y quedó sin gobierno. Con grandes dificultades sorteó el peligroso islote, punto de reiterados naufragios en aquella costa, para quedar desde entonces totalmente a la deriva y a merced de los elementos. Serían las once de la noche del día 9 cuando, al lanzar los cohetes de socorro, eran avistados por un buque inglés. Se les acercó un bote proveniente del mismo en el que se había embarcado uno de los oficiales a interesarse por la situación. Comprobada la avería, se excusó de facilitarles remolque debido a que tenían que llegar a una hora determinada a su puerto de destino. Se le solicitó, entonces, remolque hasta el puerto de Palamós, obteniendo nuevamente otra negativa por respuesta. A lo que sí se prestó a realizar el oficial inglés fue a transmitir un mensaje de socorro a la costera Marseille radio dando conocimiento de la avería del barco así como su situación para que les mandaran ayuda.

Continuaron en estas condiciones otras treinta horas, hasta perder de vista la costa. Con el temporal estuvieron apurados todo el día 10 y la noche siguiente en que se produjo una gran cerrazón, los vientos se volvieron furiosos en extremo hasta el punto de que las olas barrían constantemente la cubierta, tal era su virulencia. La tripulación, junto con dos pasajeros que habían embarcado para Sète, se hallaban recluidos en la cámara del capitán, temiendo lo peor. De pronto, una ola pegó con inusitada fuerza en la cubierta, arrancando de golpe los dos botes de salvamento y parte de la superestructura, muy cerca de la cámara en que se encontraban recluidos. Al amanecer del dia 12 el viento remitió en su intensidad, apareciendo ante ellos la costa norte de Menorca. A su vista les dio un vuelco su corazón, si bien la nueva situación les deparaba dos posibilidades: por un lado la salvación; por el otro el que pudieran estrellarse contra los agrestes acantilados que forman la mayoría de la costa en esa zona. A las nueve podían comenzar a distinguir perfectamente el Cap de Cavalleria, siendo empujados poco a poco por las olas hasta las inmediaciones de la cala de Ses Fontanelles, donde a las cinco de la tarde dejaban caer sus dos anclas en previsión de males mayores. A partir de ese momento comenzaron a hacer señales a tierra, aunque ignoraran completamente si debían de ser observados por alguien ya que la zona es agreste y deshabitada. No sería hasta descubrir las fogatas en la playa ya entrada la noche, cuando comenzarían a despejarse sus dudas y comenzarían a entrever el final de su inolvidable aventura.

De madrugada, observaron con enorme satisfacción que el pailebot Comercio se dirigía hacia ellos con su andar cansino, aunque nada podría hacer para sacarles de allí. Volvieron a garrear, lo que les mantuvo en vilo, pero a la mañana siguiente llegaba el Monte Toro que tras ofrecerles varias estachas les llevó a remolque. El capitán explicaba, ya en puerto, las aventuras que habían pasado durante el tiempo que duró la avería. Para él, el momento más apurado fue cuando una extraordinaria ola les arrebató la mayor parte de la carga estibada en cubierta; eran los momentos en que el temporal había arreciado a su cota más dura. Desde el Cap de Creus hasta la costa de Menorca, arrastrados por el viento y las olas, calculó que se irían desplazando a la deriva más o menos a unas dos millas y media por hora. En ese tiempo pasaron cerca de ellos un total de cinco barcos, dos de día y los otros tres durante la noche. Ninguno les prestó auxilio alguno a pesar de haberles hecho todo tipo de señales. A la afirmación de que quizá no les hubieran visto el capitán, muy seguro, afirmó categóricamente que por lo menos cuatro de ellos sí las vieron. Durante la noche de mayor intensidad de viento se alcanzaron temperaturas de dos grados bajo cero. Era el capitán del Comercio don Mateo Seguí Darder, un joven marino natural de Palma de Mallorca de 25 años de edad. El resto de la tripulación la formaban 1 piloto, Primer y Segundo maquinistas, 1 contramaestre, 2 fogoneros, 1 calderero, 4 marineros, 1 carpintero de ribera, el mayordomo, el cocinero, el camarero y 1 pinche, casi todos mallorquines. 

El 15 de septiembre, tras haberse realizado la reparación de todos los daños sufridos, realizó las pruebas de navegación correspondientes y al día siguiente zarpó rumbo a Sète en viaje comercial.

En 1914 el Comercio y su compañero de flota Antonia, fueron adquiridos por la naviera valenciana Ferrer Pesset Hermanos.

El 25 de noviembre de 1916 al quedar constituida la Compañía Trasmediterránea por el aporte financiero y de buques de las navieras Compañía Valenciana de Vapores Correos de África, Sociedad Línea de Vapores Tintoré, Ferrer Pesset Hermanos y Sociedad Anónima de Navegación e Industria, la naviera Ferrer Pesset Hermanos contribuyó con 15 millones de pesetas, correspondiéndole 15.000 acciones y aportando los siguientes buques: Cullera, Comercio, Antonio Ferrer, Antonia, Cirilo Amorós, C. Sorni, Ruiz Capdepón, Marqués del Turia, Joan de Joanes, Pérez Pujol, Félix Pizcueta, Peris ValeróEspañoleto y Poeta Querol.

El Comercio, con su nueva contraseña, estuvo dedicado, fundamentalmente, al transporte de fruta desde Valencia a Sète y Marsella.

Durante los años veinte el Comercio efectuó varios viajes desde Tenerife a puertos del Levante y Palma de Mallorca, dedicado al transporte de gasolina.

En mayo de 1929, estando el buque amarrado en el andén de poniente del puerto de Mahón, fue adquirido por Vicente Marí y trasladado a la ensenada de Cala Figuera para proceder a su desguace.

Referencias documentales:

Libro "Historia de la Flota" de Juan Carlos Díaz Lorenzo.

Libro "Todo Avante" de Marino Gómez-Santos.

Libro "Naufragios y siniestros en la costa de Menorca" de Alfonso Buenaventura.

Libro "La Marina en las Baleares" de Juan Pou Muntaner.

Libro "Vapores de las Islas Baleares" de Ramón Sampol Isern.

Blog www.vidamaritima.com de Vicente Sanahuja.

Web  www.miramarshipindex.org.nz

Lloyd´s Register Shipping años 1897 y 1923.

GALERÍA DE IMÁGENES
El Comercio, antes de sufrir las modificaciones que alteraron su bonita línea marinera.

Del libro de Alfonso Buenaventura "Naufragios y siniestros en la costa de Menorca".

http://alfonsobuenaventura.wordpress.com
El Comercio, tomado por su costado de estribor.

Del libro de Alfonso Buenaventura "Naufragios y siniestros en la costa de Menorca".

http://alfonsobuenaventura.wordpress.com
El Comercio empavesado.

www.vidamaritima.com
En el puerto de Valencia ya modificado.

Memoria Gráfica de Valencia. Fascículo 9.

www.vidamaritima.com
Atracado en el puerto de Valencia.

Memoria Gráfica de Valencia. Fascículo 8.

www.vidamaritima.com
Imagen del Comercio, atracado en Valencia, en la que se pude apreciar su proa con el botalón.

Memoria Gráfica de Valencia. Fascículo 8.

www.vidamaritima.com
El Comercio, el 13 de enero de 1911, a remolque del Monte Toro, tras la rotura del eje de cola sufrida el 9 de enero anterior, que lo dejó al garete durante cuatro días, en medio de un fuerte temporal.

Del libro de Alfonso Buenaventura "Naufragios y siniestros en la costa de Menorca".

http://alfonsobuenaventura.wordpress.com
Otra imagen del Comercio tras el percance sufrido el 9 de enero de 1911, dónde se puede apreciar el mal estado en que llegó a puerto, así como la falta de los botes salvavidas perdidos en el suceso.

Del libro de Juan Carlos Díaz Lorenzo "Historia de la Flota".
El Comercio en el puerto de Alicante el 11 de febrero de 1911 coincidiendo con la visita de S.M. el Rey Alfonso XIII para inaugurar el Real Club de Regatas. A su proa se puede distinguir el yate real Giralda.

Fotografía de Isidro Laporta Roig

Del libro "historia gráfica del puerto de Alicante

Colaboración de Vicente Sanahuja
El Comercio, abarloado al C. Sorni, preparados para proceder a su desguace.

Archivo familiar de Vicente Marí Marí.

Cortesía de Adelfa Marí.

Tomada del blog de Alfonso Buenaventura http://menorcaislasinpar.blogspot.com
El Comercio en una bonita acuarela de Ramón Sampol Isern.

Del libro de Ramón Sampol Isern "Vapores de las islas Baleares".