En el último tercio del siglo XIX los puertos canarios empezaron a ampliarse y, por este motivo, la compañía naviera británica “Elder, Dempster & Co.” tomó un interés muy especial en ellos. Aunque por aquel entonces existían pequeños depósitos de carbón en las islas, la Elder estaba interesada, desde hacía tiempo, en establecer su propia base de aprovisionamiento para suministrar a sus barcos sin depender de terceros.
Por ese motivo constituyó en el puerto de La Luz la sociedad Gran Canaria Coaling Co. y poco después hizo lo mismo en Santa Cruz con la Tenerife Coaling Co. El abastecimiento del carbón quedaba asegurado mediante el suministro de dos minas del sur de Gales que fueron adquiridas en propiedad.
Una vez resuelto el apoyo logístico a su flota en 1.885, la Elder optó por establecer en Las Palmas, la primera sucursal en Canarias de su compañía, que se convirtió en la oficina central de todas las operaciones de la empresa.
En 1887 se convocó una subasta para cubrir el servicio de correos entre las Islas Canarias. Esta subasta fue declarada desierta y en septiembre de 1.888 se constituyó, la Compañía de Vapores Correos Interinsulares, como filial de la “Elder Dempster & Co.”, dispuesta a concurrir a la segunda subasta que se celebró en Madrid ese mismo año.
Adjudicado el servicio a dicha Compañía, esta procedió a la construcción de los vapores que habían de desempeñarlo, bautizándolos con los nombres de “León y Castillo” y “Viera y Clavijo”, en honor de Don Fernando de León y Castillo, que inicio el establecimiento del nuevo servicio interinsular, y el celebre historiador Don José Viera y Clavijo, dos personajes ilustres de las islas. Estos dos buques fueron los primeros “León y Castillo” y “Viera y Clavijo”.
La Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios, desempeñó el aludido servicio durante unos veintitrés años a plena satisfacción, sin que en tan largo período de tiempo ocurriese ningún accidente de importancia ni la menor interrupción en la entrega de la correspondencia, respondiendo plenamente a las necesidades comerciales requeridas.
Como consecuencia del desarrollo del tráfico interinsular surgió la necesidad de aumentar las comunicaciones así como el tonelaje de los buques, y se anunció el concurso de 27 de Marzo de 1.911, en que de nuevo la Compañía de Vapores Correos Interinsulares se hizo con la adjudicación.
En el pliego de condiciones del contrato se exigía al adjudicatario que estuviera en posesión de tres vapores de 1.100 toneladas de desplazamiento cada uno y otros tres de 550 toneladas, con el fin de realizar seis expediciones mensuales a los puertos del itinerario principal y otras seis expediciones a los puertos de segundo orden, así como una expedición mensual a la colonia de Río de Oro.
Para cumplir las condiciones del contrato, la Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios ordenó la construcción de los seis buques en astilleros británicos. Los tres más grandes fueron bautizados con los nombres de “Viera y Clavijo”, “León y Castillo”, y “La Palma” y los más pequeños con los de “Fuerteventura”, “Lanzarote” y “Gomera-Hierro”.
El segundo de los grandes fue encargado a V. Harkess & Son Ltd. de Middlesbrough, siendo la construcción número 191 del mencionado astillero. Fue botado el 5 de noviembre de 1.911 y bautizado con el nombre de “León y Castillo” en honor de de Don Fernando León y Castillo, Ministro de la Gobernación, que estableció por vez primera el servicio de correos marítimos entre las islas Canarias por medio de buques de vapor, según el Real Decreto de 22 de septiembre de 1887.
Fue entregado a su armador la Compañía de Vapores Interinsulares Canarios, en marzo de 1912.
El buque tenía el puente abierto, la chimenea en elegante caída en color mostaza y el casco pintado de negro. Llevaba dos lanchas caleteras para las faenas en los puertos menores, en los que el buque se limitaba a fondear.
La prestación del servicio comenzó en enero del citado año con el fletamento de dos buques, siendo sustituidos por los previstos a medida que estos fueron llegando. La nueva flota estaba totalmente incorporada en Abril de 1.912, en cuya fecha, y en medio de grandes fastos y celebraciones se inauguraron todos los servicios.
Con la llegada de los nuevos buques, la Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios dio un gran impulso a las comunicaciones marítimas del archipiélago y, especialmente, al tráfico de pasajeros y mercancías entre los puertos principales.
El 17 de marzo de 1912 arribó a Las Palmas después de siete días, seis horas y 26 minutos de viaje.
En el Cuaderno de Máquinas del viaje de entrega se anotaron los siguientes datos de interés:
Total de revoluciones: 1.030.460 Revoluciones por minuto: 98,7 Total distancia navegada: 1.867 millas Velocidad media: 10,7 nudos Total carbón quemado: 111 toneladas Carbón quemado por singladura, incluido auxiliares: 15 toneladas. |
El día 25 entró en varadero para pintar el casco, incorporándose a continuación al servicio. El día 30 hizo su primera escala en Santa Cruz de La Palma y el 1 de abril arribó a Santa Cruz de Tenerife.
Durante la Primera Guerra Mundial de 1.914, fue fletado por otros armadores, juntamente con el "La Palma" y "Viera y Clavijo" para ser dedicado al transporte de carbón entre los puertos del Norte peninsular, quedando el servicio interinsular a cargo de los tres pequeños, denominados “playeros”. Así permanecieron hasta que terminada la guerra en 1.918, y restablecido el envío de carbón a los puertos canarios, los tres gemelos regresaron al archipiélago.
En 1930, Don Emilio Ley, Jefe de la Casa Elder en Canarias y Director de la Compañía, y Don Juan March, siguiendo las indicaciones del Gobierno, negociaron el traspaso de la concesión de servicios marítimos a la Compañía Trasmediterránea. En el mes de junio se resolvió definitivamente la absorción de la Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios, pasando a manos de Trasmediterránea todas las posesiones e instalaciones que tenía la Compañía en todos los puertos Canarios y en la costa africana, la flota de barcos y el personal. El "León y Castillo" navegó a partir de entonces con la contraseña de la Trasmediterránea.
En el transcurso de la guerra civil, los correíllos canarios fueron militarizados y el "León y Castillo", convertido en buque de transporte, verificó algún viaje con tropa desde la costa africana a Galicia.
Con la vuelta de la paz retornó de nuevo a las líneas interinsulares y entre los años 1945 y 1947 fue objeto de una gran reparación en el puerto de Las Palmas, reincorporándose al servicio el 20 de febrero del citado año, ofreciendo desde entonces una considerable mejora en sus servicios al pasaje, así como una modificación en el equipo propulsor.
El 28 de octubre de 1952 tuvo un percance al chocar contra el muelle de Gran Tarajal, que le ocasionó varios desperfectos.
El 20 de julio de 1961, en viaje entre El Aáiun y Villa Cisneros, embarrancó cerca de Cabo Bojador con un centenar de pasajeros a bordo. El “Fuerteventura” acudió en su auxilio y con la ayuda de varios pesqueros logró trasbordar a todo el pasaje. El remolcador "Fortunate" logró ponerlo a flote en la pleamar del día siguiente, sin que sufriera daños de importancia.
Retirado de servicio el "Ciudad de Ceuta", a partir de 1975 el "León y Castillo" dejó los servicios interinsulares de Canarias para cubrir llamada línea del “piojo” desde Ceuta a Melilla, con escala en los Peñones de Vélez de la Gomera, Alhucemas y las islas Chafarinas, servicio que prestó durante dos años, hasta que fue sustituido por un buque de la serie Pelícano volviendo de nuevo a Las Palmas.
En 1979 tenía que ser sometido a importante reforma para la Visita Especial y ante el resultado antieconómico que representaba la inversión de una suma tan elevada en un buque que contaba casi sesenta años de navegación, el Consejo de Administración de la Trasmediterránea, acordó proceder a la venta del buque. El 31 de octubre se solicitó para ello la preceptiva autorización de la Dirección General de Transportes Marítimos, la cual fue conseguida el 22 de noviembre del propio año 1978, causando baja en el contrato regulador de los servicios de Comunicaciones Marítimas de Interés Nacional.
El 13 de octubre de 1981, estando el "León y Castillo" en la dársena exterior del puerto de Las Palmas de Gran Canaria, abarloado al buque congelador “Vigo”, se declaró un incendio a bordo de éste que le ocasionó su hundimiento arrastrando al “León y Castillo". Un pescnte del "Vigo" se trabó del puente del "León y Castillo", ocasionándole una escora de la banda de estribor, lo que originó que el agua entrara por los portillos del antiguo correíllo canario. Cuando se intentó cortar los cabos ya era tarde porque había entrado gran cantidad de agua y terminó por hundirse tumbado de la banda de estribor, por la que penetró el agua. Fue vendido a Martín Juan Arkey para proceder a su desguace que se llevó a cabo en el puerto de Las Palmas de Gran Canaria.